El 1 de octubre de 2026, desarrollé el taller «Lectores y lectura en las bibliotecas: leer, seleccionar, comprender, mediar y producir conocimiento en un ecosistema digital atravesado por la inteligencia artificial», en la Biblioteca del Centro de Formación de la Cooperación Española (CFCE), AECID, en Santa Cruz de la Sierra. La actividad estuvo orientada a reflexionar sobre el papel de las bibliotecas y de los profesionales de la educación en la formación de lectores capaces de desenvolverse críticamente en los actuales ecosistemas de información y conocimiento.

El taller profundizó en la relación entre lectura, investigación científica y gestión de la información, abordando las competencias necesarias para pasar de la búsqueda espontánea de contenidos a la localización sistemática, selección, evaluación y utilización de información académica. Se trabajó en la enseñanza de estrategias de búsqueda científica en bases de datos especializadas, la construcción de ecuaciones de búsqueda mediante operadores booleanos (AND, OR y NOT), el uso de palabras clave y descriptores, y la identificación de fuentes pertinentes según los objetivos de cada investigación. Asimismo, se exploraron las diferencias funcionales entre buscadores, repositorios institucionales y bases de datos académicas, poniendo énfasis en la importancia de localizar publicaciones, tesis, artículos científicos y otros documentos respaldados por evidencias verificables.
También se trabajó la ciencia abierta (Open Science) como un modelo de producción y circulación del conocimiento basado en el acceso, el intercambio y la colaboración. Se examinaron sus dos dimensiones fundamentales: la apertura de los resultados de investigación —desde las publicaciones científicas hasta los datos— y la apertura de los métodos, herramientas y procesos de investigación. En este marco, se abordó la importancia de los repositorios institucionales, las bases de datos especializadas y las plataformas digitales como infraestructuras para preservar, compartir, recuperar y reutilizar información científica. La formación incluyó, además, el uso de gestores bibliográficos como Zotero, Mendeley y EndNote para organizar referencias, construir bibliotecas temáticas, automatizar citas y bibliografías y acompañar las distintas etapas de la escritura académica.


Otro eje central fue la comprensión lectora como fundamento de la investigación y del aprendizaje. Se reflexionó sobre las diferencias entre leer en papel y leer en pantalla, las estrategias de atención que exige cada soporte y la necesidad de desarrollar capacidades para comprender, interpretar, relacionar y contextualizar textos. La lectura se abordó como un proceso que va más allá de la decodificación o la localización de información: implica reconocer la autoría, identificar los propósitos de los discursos, contrastar evidencias, detectar sesgos y construir interpretaciones propias. Estas competencias adquieren especial relevancia en un contexto en el que la inteligencia artificial puede facilitar la búsqueda, la organización y la síntesis de contenidos, pero no sustituye la comprensión profunda, el juicio crítico ni la responsabilidad intelectual del lector.
La dimensión práctica del taller se concretó en el diseño de itinerarios lectores y propuestas de mediación bibliotecaria adaptadas a distintos públicos y contextos educativos. Se trabajó en la selección y secuenciación de textos, la formulación de objetivos de aprendizaje, la incorporación de recursos impresos y digitales y la evaluación de los procesos de lectura e investigación. La propuesta buscó fortalecer las capacidades de docentes, bibliotecarios y mediadores para acompañar a estudiantes e investigadores en el desarrollo de prácticas autónomas, rigurosas y responsables de acceso al conocimiento.
Desde esta perspectiva, la biblioteca se planteó como un espacio activo de acceso, curaduría, mediación, lectura y producción de conocimiento: una institución que no solo conserva y facilita documentos, sino que enseña a buscar, seleccionar, comprender, relacionar y producir información. El encuentro puso de relieve que formar lectores en el siglo XXI significa también formar investigadores capaces de desenvolverse en entornos digitales, participar en la ciencia abierta y utilizar críticamente las tecnologías sin delegar en ellas su capacidad de pensar, interpretar y construir conocimiento.
