¿Qué significa seguir formando inteligencia humana cuando producir respuestas resulta cada vez más sencillo? ¿Qué sucede con nuestra capacidad de pensar, comprender y construir conocimiento cuando podemos delegar en sistemas de inteligencia artificial tareas que antes exigían tiempo, lectura, esfuerzo y elaboración intelectual?
Estas preguntas constituyen el punto de partida de mi libro «Inteligencia humana en tiempos de inteligencia artificial: reflexiones pedagógicas», una obra en la que propongo una mirada crítica y humanista sobre las transformaciones que la inteligencia artificial está produciendo en nuestra relación con el lenguaje, la educación y el conocimiento.
La expansión de estas tecnologías está modificando profundamente nuestras maneras de aprender, leer, escribir, investigar y comunicarnos. Sin embargo, considero que el desafío educativo no consiste únicamente en incorporar nuevas herramientas o desarrollar competencias digitales. Necesitamos comprender qué ocurre con el pensamiento humano cuando las máquinas pueden producir textos, organizar información, elaborar argumentos y ofrecer respuestas en cuestión de segundos. La pregunta fundamental no es solamente qué podemos hacer con la inteligencia artificial, sino qué dejamos de hacer nosotros cuando delegamos en ella determinados procesos cognitivos.
Desde el diálogo entre epistemología, filología y pedagogía, examino algunas dimensiones fundamentales para comprender esta transformación: el pensamiento crítico, la economía de la atención, la comprensión lectora, el lenguaje, la autonomía cognitiva, la ética y la responsabilidad intelectual. Me interesa especialmente distinguir entre producir una respuesta y construir conocimiento; entre disponer de información y comprenderla; entre obtener un texto formalmente correcto y haber recorrido el proceso intelectual que permite elaborarlo.
El pensamiento como experiencia y responsabilidad
Una de las cuestiones que desarrollo en el libro es el concepto de sedentarismo cognitivo: la tendencia a sustituir progresivamente el esfuerzo de pensar, relacionar, interpretar, recordar y elaborar ideas por respuestas externas, inmediatas y aparentemente satisfactorias. Así como nuestro cuerpo necesita movimiento y ejercicio para conservar sus capacidades, el pensamiento requiere práctica, tiempo, atención y esfuerzo.
Leer un texto completo, formular preguntas, contrastar fuentes, equivocarse, revisar una hipótesis y construir una interpretación propia son experiencias que forman parte del aprendizaje. Si eliminamos sistemáticamente esos procesos porque una herramienta puede resolverlos con mayor rapidez, corremos el riesgo de confundir la eficiencia en la realización de una tarea con el desarrollo de la inteligencia.
Por eso, concedo especial importancia a la lectura profunda y a la comprensión. Leer no consiste únicamente en localizar información, resumir contenidos o identificar respuestas. Supone establecer relaciones, interpretar contextos, reconocer matices, construir significados y desarrollar una posición propia frente a lo leído. En un ecosistema digital caracterizado por la velocidad, la fragmentación y la sobreabundancia informativa, recuperar el tiempo de la lectura y cultivar la atención se convierten en desafíos pedagógicos fundamentales.
Otra dimensión esencial es el desarrollo del criterio. Tener acceso a grandes cantidades de información no significa necesariamente comprenderla ni saber qué hacer con ella. El criterio se construye mediante el estudio, la experiencia, la deliberación, la lectura y el contraste de perspectivas. Implica aprender a distinguir, valorar evidencias, reconocer límites, formular preguntas pertinentes y asumir las consecuencias de nuestras decisiones. No se trata de formar personas capaces de reproducir respuestas, sino sujetos autónomos que puedan interpretar el mundo y participar responsablemente en la producción de conocimiento.

Una perspectiva latinoamericana sobre el conocimiento
Esta reflexión incorpora también una perspectiva latinoamericana. La transformación tecnológica no ocurre en condiciones de igualdad: las brechas digitales afectan no solo al acceso a los dispositivos y las plataformas, sino también a las posibilidades de participar en la producción, circulación y legitimación del conocimiento.
La autonomía intelectual está relacionada con la diversidad lingüística, el reconocimiento de los saberes culturales y la posibilidad de que distintas comunidades puedan producir y compartir sus propias formas de conocimiento. Por ello, pensar la educación en tiempos de inteligencia artificial exige preguntarnos también qué lenguas, experiencias y tradiciones culturales tienen presencia en los sistemas de conocimiento que utilizamos.
Frente a este escenario, propongo una ecología cognitiva humanista y una pedagogía centrada en el criterio. Se trata de construir entornos educativos que favorezcan la comprensión, la atención, la curiosidad, la creatividad y la autonomía; que permitan utilizar la inteligencia artificial como herramienta de exploración, diálogo y apoyo, sin convertirla en sustituta de los procesos de aprendizaje.
No propongo rechazar la tecnología. Propongo comprenderla, cuestionarla y aprender a utilizarla sin renunciar a nuestra capacidad de pensar. Necesitamos enseñar a preguntar, interpretar, contrastar, deliberar y verificar, además de aprender a utilizar herramientas.
La presentación del libro en Santa Cruz de la Sierra
La presentación de esta obra en Santa Cruz de la Sierra, acompañada por Santillana Bolivia, fue una oportunidad para compartir estas preocupaciones con docentes, directivos, investigadores, estudiantes universitarios, mediadores de lectura y profesionales vinculados a la educación. El encuentro se articuló en torno a una pregunta que atraviesa todo el libro: ¿qué se pierde cuando delegamos el pensamiento?
Me interesa abrir una conversación que fuera más allá de las posibilidades técnicas de la inteligencia artificial y permitiera discutir el futuro de la educación, el papel del profesorado y las capacidades humanas que necesitamos seguir cultivando, al respecto sostuvimos una entrevista en el programa de Radio USAL: Planeta Biblioteca y en el Maker Space de la Facultad de Traducción y documentación de la Universidad de Salamanca. El libro, más que ofrecer respuestas cerradas, quise propiciar un espacio de intercambio sobre el pensamiento crítico, la creatividad, el juicio y la comprensión como dimensiones esenciales del aprendizaje.
Agradezco especialmente a Santillana Bolivia, dirigida por Carola Ossio, por acompañar esta publicación y generar espacios de encuentro y reflexión educativa. La presentación fue también una oportunidad para acercar estas ideas a la comunidad académica y educativa boliviana, con la que me interesa seguir construyendo conversaciones sobre lectura, conocimiento y transformación pedagógica.




Un libro construido también desde el diálogo entre disciplinas y lenguajes visuales
Quiero destacar también el trabajo de las personas que hicieron posible la dimensión editorial y visual de esta obra. El libro cuenta con un prólogo de Julio Alonso Arévalo, de la Universidad de Salamanca, titulado «Pensar todavía». Su lectura aporta una reflexión especialmente significativa sobre el sentido de aprender, la pérdida de los procesos intelectuales cuando delegamos la elaboración del pensamiento y la importancia de recuperar el esfuerzo de comprender. Su contribución establece un diálogo muy valioso con las preguntas que planteo a lo largo del ensayo.

La dimensión visual tiene también un lugar fundamental. La ilustración de Aleksandra Chudilovskaya, que representa un chip integrado con un cerebro humano, sintetiza visualmente una de las tensiones centrales del libro: la relación entre inteligencia artificial e inteligencia humana. No se trata únicamente de representar una tecnología, sino de invitar a pensar qué ocurre en el encuentro entre la capacidad de procesamiento de las máquinas y la experiencia cognitiva, creativa y sensible de las personas.
El diseño editorial y las ilustraciones del conjunto de la obra estuvieron a cargo de Daniela Bolívar, cuyo trabajo aporta unidad visual y acompaña el recorrido conceptual del libro. Considero importante reconocer que la experiencia de lectura también se construye desde el diseño, la composición y el lenguaje visual, especialmente en una obra que reflexiona sobre las relaciones entre palabra, pensamiento, imagen y conocimiento.


El libro se publicó en España con Ediciones Once, dirigida por Veranika Lis, y en Bolivia con Editorial Santillana, dirigida por Carola Ossio. Esta presencia editorial en ambos países permite que la reflexión circule entre diferentes comunidades educativas, académicas y culturales.
Una invitación a seguir pensando
«Inteligencia humana en tiempos de inteligencia artificial: reflexiones pedagógicas» es un libro dirigido especialmente a docentes, investigadores, estudiantes, bibliotecarios, mediadores de lectura y a todas las personas interesadas en comprender las transformaciones de la educación y nuestra relación con el conocimiento.
Lo escribí porque considero necesario detenernos a pensar en un momento histórico en el que las respuestas están cada vez más disponibles, pero en el que comprender sigue siendo una tarea que exige tiempo, atención, experiencia y responsabilidad.
Invito a leerlo no como una respuesta definitiva al debate sobre la inteligencia artificial, sino como un punto de partida para pensar, discutir y formular nuevas preguntas. Me gustaría que sus páginas propiciaran conversaciones en las aulas, las universidades, las bibliotecas y otros espacios de encuentro, y que cada lector pudiera establecer sus propias relaciones con las ideas que allí desarrollo.
La inteligencia artificial puede producir respuestas. Nuestro desafío educativo sigue siendo formar seres humanos capaces de construir sentido.

