A lo largo de la historia, la humanidad ha buscado el conocimiento como una herramienta para transformar la realidad y construir un futuro mejor. La educación ha sido el puente que nos ha permitido avanzar, superar retos y descubrir nuevas posibilidades. Sin embargo, en un mundo en constante cambio, el aprendizaje ya no puede limitarse a la simple transmisión de información; requiere un enfoque integral que abarque el desarrollo del cuerpo, la mente y el corazón. Es precisamente esta visión holística la que impulsa la pedagogía CuMeCo, desarrollada por sus autores Jonathan Roca Figueroa y Graciela Asperilla Fernández.
Graciela Asperilla Fernández, cofundadora de la organización SON de VIDA, ha trabajado más de una década en proyectos orientados a la atención y educación de niños y adolescentes en situación de calle. Su estudio «Desde la calle. Adolescentes enamorados» analiza las experiencias afectivas de jóvenes en contextos de vulnerabilidad. Junto con Jonathan Roca Figueroa, ha desarrollado el método CuMeCo, pero luego de leer todo el libro, entiendo que es una pedagogía completa, un enfoque educativo integral que busca el desarrollo equilibrado del cuerpo, la mente y el corazón en el proceso de aprendizaje.
Su labor se ha centrado en promover una educación inclusiva y emocionalmente consciente, brindando herramientas para que los estudiantes exploren sus propias rutas de aprendizaje y desarrollen habilidades esenciales para la vida en el siglo XXI.
Jonathan Roca Figueroa, además de su trabajo en CuMeCo, ha liderado «Proyecto 24«, un taller-investigación que explora la conexión entre el interés por los videojuegos y el aprendizaje. Este proyecto demuestra cómo los adolescentes pueden fortalecer sus habilidades de resolución de problemas, colaboración y creatividad al aplicar herramientas digitales en la educación.
La pedagogía CuMeCo se basa en la innovación educativa y en la creación de metodologías que integran diferentes disciplinas para mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje.
CuMeCo no es solo un modelo educativo, sino una filosofía de vida que nos invita a repensar cómo aprendemos y enseñamos. Se basa en la premisa de que un cuerpo fuerte es esencial para el bienestar físico y la acción, que una mente afinada nos permite comprender el mundo y tomar decisiones inteligentes, y que un corazón compasivo es clave para la convivencia armoniosa y el crecimiento emocional.
Este sistema no impone un camino único, sino que proporciona herramientas para que cada estudiante explore su propia ruta de aprendizaje, desarrollando habilidades esenciales para la vida en el siglo XXI.
Los autores han dedicado años de investigación y experimentación para comprender las dinámicas del aprendizaje en contextos diversos y adversos. Su trabajo con niños y adolescentes en situación de riesgo, así como su experiencia en proyectos innovadores como «Proyecto 24» han nutrido el desarrollo de CuMeCo, un «método de métodos» que integra la pedagogía, la neurociencia, la tecnología y la educación emocional. Este enfoque reconoce que el aprendizaje no ocurre en aislamiento, sino en un ecosistema en el que intervienen factores cognitivos, sociales y afectivos.
Este modelo se alinea con los principios de pedagogos contemporáneos como Ken Robinson, quien abogó por una educación centrada en la creatividad y el desarrollo del talento individual; Sugata Mitra, con su enfoque de aprendizaje autoorganizado; y Carol Dweck, cuya teoría del «mindset» destaca la importancia de la mentalidad de crecimiento en el proceso de aprendizaje. Asimismo, la neuroeducación promovida por Francisco Mora nos recuerda que solo se aprende aquello que emociona, reforzando la necesidad de un enfoque integral que conecte cuerpo, mente y corazón.
El libro que tienes en tus manos no solo ofrece un marco teórico sobre la importancia de una educación integral, sino que también presenta estrategias prácticas y ejemplos concretos que han demostrado su efectividad en entornos reales. A través de experiencias y anécdotas, los autores nos muestran que es posible una educación donde el estudiante no es un mero receptor de información, sino un protagonista activo de su propio proceso de aprendizaje.
La metodología CuMeCo también desafía las estructuras tradicionales de la educación al integrar herramientas digitales y el autoaprendizaje. En un mundo donde el acceso a la información es inmediato y global, los educadores ya no son los únicos guardianes del conocimiento, sino facilitadores que guían a los estudiantes en la exploración y aplicación del saber. CuMeCo nos muestra cómo aprovechar la tecnología sin perder de vista la importancia del pensamiento crítico, la colaboración y la autodisciplina.
En CuMeCo decidieron poner a prueba en el contexto y realidad de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), los hallazgos del Dr. Sugata Mitra. Su investigación comenzó en 1999, cuando Mitra y sus colegas cavaron un agujero en una pared que bordeaba un barrio marginal urbano de Nueva Delhi, instalaron una PC conectada a Internet y la dejaron allí, con una cámara oculta filmando la zona. Lo que observaron fue sorprendente: niños de la barriada jugando con la computadora y, en el proceso, aprendiendo a usarla y luego enseñándose unos a otros. Estos experimentos del «agujero en la pared» demostraron que, en ausencia de supervisión y enseñanza formal, los niños pueden enseñarse a sí mismos y a los demás si están motivados por la curiosidad. Sus hallazgos se han constatado en países como Reino Unido, India y Estados Unidos, elaborando un sólido modelo de Educación mínimamente invasiva a través de la escuela en la nube.
Siguiendo esta línea, los autores de CUMeCo, en su investigación se plantearon una pregunta clave: ¿pueden los adolescentes, por cuenta propia, sin apoyo de un experto en programación y con la mínima supervisión de guías, hacer una réplica exacta de la plaza 24 en Minecraft? La respuesta es un rotundo sí, siempre y cuando los estudiantes tengan acceso a Internet, dominen su uso y trabajen en grupos comprometidos con los objetivos.
En estas páginas, descubrirás una propuesta educativa revolucionaria que equilibra la razón con la emoción, la teoría con la práctica y el conocimiento con la acción. Es un llamado a repensar la educación desde la base, reconociendo que cada niño y adolescente es un universo único con capacidades y talentos por descubrir. Es también una invitación a los educadores, padres y estudiantes a embarcarse en un viaje de aprendizaje continuo, donde el objetivo final no es solo adquirir conocimientos, sino convertirse en seres humanos más completos y conscientes.
Porque aprender no es solo memorizar, sino comprender. No es solo repetir, sino crear. Y no es solo saber, sino ser. Bienvenidos a CuMeCo: un modelo que no solo forma estudiantes, sino que transforma vidas.