Comparto mi lectura del poemario Lentitud de la escritora Vilma Tapia. Al leer el título, me fue inevitable devolverme a una lectura muy frecuente en mis crisis de asma, allá en mi adolescencia y primera juventud: La novela La lentitud de Milan Kundera, volví a ella estos últimos días.
Mientras leía cada poema del bellísimo poemario Lentitud de Vilma Tapia Anaya noté que comparten con dicha novela de Kundera, una exploración profunda del tiempo, la memoria, la resistencia y la existencia. En ambos textos, la lentitud no es solo un ritmo pausado, sino una forma de resistencia ante la fugacidad y el olvido. Mientras Kundera denuncia la rapidez moderna como una forma de superficialidad, Tapia habita la lentitud como un espacio sagrado de contemplación y epifanía, su libro es en sí un acto poÉtico revolucionario en tiempos de inmediatez y prisas absurdas.
A lo largo del poemario, tenemos el tiempo como protagonista, en Lentitud Vilma nos adentra en una exploración profunda del ritmo, del latido, de la inhalación y exhalación, la memoria y la resistencia, presentando una visión del tiempo fluyendo como un espacio de revelaciones interiores que se van verbalizando.
La obra utiliza el concepto de lentitud como una meditación sobre la existencia, resistiendo la fugacidad de lo inmediato. Es un testimonio de cómo la lentitud, más allá de ser un simple ritmo, se configura como una forma de profundidad en un mundo marcado por la prisa.
La repetición como vía hacia lo trascendente: Desde la primera línea del poema Desde más atrás del olvido, Vilma establece un espacio que es a la vez reflexivo y visceral. La poeta articula un lenguaje que respira en su repetición, creando una red de significados que se expanden como un rizoma, una estructura simbólica que sugiere la conexión orgánica entre el ser y el mundo, entre el lenguaje y la memoria. Esta repetición es la médula de la obra: un gesto poético que toma prestada la idea de repetición como una vía para alcanzar lo trascendente. En esta imagen, la poeta no solo remite a los ciclos de la naturaleza, sino también a los del alma humana, en la tradición de poetas como José Lezama Lima, para quienes el azar concurrente es un punto de chispa en la conjunción entre lo efímero y lo eterno.
La memoria como cuerpo y resistencia al olvido: Un tema fundamental en Lentitud es el tratamiento de la memoria como un organismo vivo que se enraíza en el tiempo. En el poema Cernăuți, Vilma emplea la metáfora del árbol para simbolizar esta memoria, vinculándola al cuerpo de la tradición poética. El árbol no solo es un testigo del paso del tiempo, sino que se convierte en un agente activo que devuelve las palabras de la historia. La presencia de Paul Celan es particularmente significativa, pues, como él en Fuga de la muerte, Vilma también señala el peso de la historia y su inscripción en la tierra misma. En Cernăuți, se lee: “la dorada sombra de tu haya”; aquí, el árbol se convierte en una metáfora del lenguaje y la herencia poética. Sin embargo, Vilma no se limita a recuperar el dolor del pasado: su poesía se convierte en un acto de resistencia contra el olvido, una re-creación de la memoria que se hace cuerpo, que se hace lengua, en un sentido que me trasladó a la lectura de Carlos Severi El sendero y la voz: una antropología de la memoria.
Lentitud: un principio estético y espiritual: El concepto de lentitud, en la obra, se presenta como una condición estética y espiritual. Aunque la obra de Milan Kundera, La lentitud, denuncia la prisa moderna como una superficialidad existencial, Vilma emplea la lentitud como un principio que permite habitar el mundo con mayor profundidad. Aquí, la lentitud no solo marca el ritmo de la poesía, sino que se convierte en una estrategia para trascender la fugacidad de lo inmediato, y así se abre una vía para que lo efímero se convierta en eterno.
La niebla como umbral: El tiempo, en este poemario, se presenta como un espacio sagrado, donde la lentitud permite una conexión más profunda con lo divino y lo trascendente. En Pasaje, por ejemplo, la niebla se convierte en una metáfora del tránsito hacia un estado superior de conciencia. Vilma evoca un paisaje suspendido en el tiempo, donde la identidad parece disolverse y fusionarse con el entorno. La niebla, al cubrirlo todo, no solo oscurece, sino que transforma.
La voz poética se adentra en ella de manera simbólica, atravesando un umbral hacia un conocimiento más profundo, al igual que los antiguos sacerdotes de los Alpes, quienes en su lentitud se sumergían en la lectura del Tao o como en un retiro de meditación de Vipassana donde las capas de distintos niveles de conciencia se van abriendo en un mismo cuerpo. En Pasaje, se afirma: “como los antiguos sacerdotes de los Alpes / que a la luz de una claridad / y arrodillados / tradujeron el libro del tao”. Esta imagen de la traducción del Tao sugiere una comprensión profunda, alcanzada solo en el silencio y la calma de la lentitud.
La erosión como meditación: el poema El lugar y su meditación sobre la temporalidad. En el poema El lugar, Vilma profundiza en la idea del tiempo como algo que erosiona pero también ilumina. La imagen de la “horadada hora traspasada” simboliza la marca imborrable del paso del tiempo, pero también su capacidad de revelar. El tiempo, lejos de ser una fuerza destructiva, se convierte en una oportunidad para habitarlo plenamente, para resistir la prisa y abrazar cada instante. Esta idea resuena con las reflexiones de Milan Kundera en La lentitud, donde el autor sugiere que la verdadera autenticidad solo se alcanza al vivir el momento de manera pausada, apreciando su singularidad.
La memoria como susurro persistente: el eco de Aleksandr Blok en el epígrafe de Aleksandr Blok en Ejercicio espiritual I (“Y mis antiguas afecciones susurran como la hierba seca…”), refuerza la noción de que la memoria no es un fenómeno estático, sino un susurro persistente que resuena en el presente. En este poema, la voz poética explora la conexión entre lo íntimo y lo colectivo, entre lo cotidiano y la huella indeleble del pasado. El tránsito entre lo lejano y lo cercano se convierte en un acto de re-creación de la memoria, que se reactiva en función del presente. Esta idea de la memoria como algo que regresa, que se reconfigura constantemente, se conecta con la obra de Kundera, quien también aborda la memoria como un proceso fluido que no está limitado por el tiempo.
El sendero del poema y el silencio: el tránsito hacia la conciencia en la imagen de la niebla en Pasaje refuerza el concepto central de la obra: el tránsito hacia un estado diferente de percepción. Aquí, la niebla no es solo un obstáculo, sino un espacio de transformación. El paisaje cubierto por la niebla refleja un mundo suspendido en el tiempo, donde la identidad se disuelve y el ser se enfrenta a su propia esencia. Este proceso se asemeja a la idea de Kundera sobre la lentitud, donde el ser se enfrenta al silencio y al vacío del tiempo, despojándose de las distracciones externas para llegar a una comprensión más profunda.
Resistir es habitar el tiempo con conciencia: Tanto en Lentitud de Vilma como en La lentitud de Milan Kundera, la lentitud se presenta como un medio para respirar las gotas de tiempo que tenemos, cueste lo que cueste cada gota de oxígeno, cueste lo que cuesta superar una crisis de asma, una crisis oncológica pulmonar, una trombosis pulmonar, sobrevivimos al covid19, en tiempos de total caos, seguimos sin saber qué fue lo que pasó y qué está pasando realmente, respecto a aquella crisis y las guerras actuales.
En este poemario de Vilma, sabemos que el tiempo es breve, con guerras, pandemias, crisis de pánico, crisis respiratorias, etc. la lentitud con la que horademos y raspemos esas gotas de aire, vueltas agua en el líquido amniótico que nos alimentó, eso nos hará aprender a habitar el tiempo y el mundo.
A lo largo de la lectura, la hablante lírica se revela en estilo musical de Ennio Morricone en Cinema Paradiso, esta voz de Vilma, nos invita a valorar el tiempo no solo como un ritmo, sino como un espacio de revelación espiritual, un proceso que nos permite vivir de manera más auténtica.
En cada poema se nos invita a a resistir al mundo automatizado, robotizado que quiere devorar a la humanidad, cada poema es una guía hacia el encuentro con la pausa como experiencia significativa que logra contenernos, vaciarnos de los vicios del mundo maniático. Cada poema nos recuerda que la verdadera resistencia está en aprender a habitar el tiempo sin el miedo a perderlo.