La tecnología y la paradoja escolar
La escuela contemporánea vive una paradoja: nunca tuvo tantas herramientas tecnológicas disponibles, acceso a la información, disponibilidad de libros de acceso gratuito, etc. y, al mismo tiempo, nunca fue tan difícil sostener la atención, enfocarse y procesar con la inteligencia humana todo lo que llega al cerebro. El teléfono celular o móvil, convertido en objeto cotidiano dentro del aula, ha transformado silenciosamente la forma en que estudiantes y docentes leen, piensan y se relacionan con el conocimiento.
Regular su uso no implica satanizar la tecnología ni idealizar un pasado sin pantallas. Implica asumir que no todo tiempo ni todo espacio es compatible con la hiperconectividad permanente. Aprender requiere pausa, continuidad y presencia.
Comprender, leer, pensar
La comprensión lectora no se construye en la fragmentación. Leer exige entrar en un texto, sostener significados, volver sobre ellos., hacer inferencias, reflexionarlas, cotejarlas con otras fuentes, conversarlas, etc. Cada interrupción de la pantalla o solicitud de resumen a la IA o algún sitio web, debilita este proceso de comprensión lectora y asimilación de contenidos. Regular el uso del celular permite recuperar un espacio mental indispensable para enfrentar las brechas de lectura que hoy atraviesan a muchos sistemas educativos, no solo en Bolivia, sino en distintos países del mundo.
El razonamiento matemático también depende de la atención sostenida. Resolver un problema, seguir una secuencia lógica o formular una hipótesis requiere concentración. Allí donde el aula logra establecer tiempos sin celular, el pensamiento matemático gana profundidad y claridad.
Salud emocional y convivencia
El uso no regulado del teléfono celular intensifica la ansiedad, la comparación constante y el aislamiento dentro del grupo, el acoso digital, la pérdida de privacidad, etc. Haidt se refiere a esto en su libro e investigaciones La generación ansiosa Cuando el celular deja de ocupar el centro de la escena, reaparecen la conversación, la escucha y el encuentro respetuoso. La convivencia escolar mejora no por imposición, sino porque el espacio vuelve a ser verdaderamente compartido y cuidado.

Regular no es prohibir
Según datos de la Unesco, a finales de 2024 cerca de 79 sistemas educativos en el mundo han adoptado medidas que regulan o prohíben el uso de teléfonos celulares o móviles en las escuelas, ya sea mediante leyes o políticas explícitas, con el objetivo de cuidar la atención y el aprendizaje de estudiantes y docentes. Esto representa aproximadamente el 40 % de todos los sistemas educativos del planeta.
Algunos países pioneros en este tipo de políticas son Francia, Uruguay, Finlandia, Suecia, Italia y los Países Bajos, entre otros, que han implementado normativas para regular el uso de celulares durante la jornada escolar como medida para fomentar la concentración y reducir distracciones.
Este movimiento global no implica una visión antitecnológica, sino una respuesta pedagógica y ética ante la evidencia creciente de que la presencia indiscriminada de teléfonos celulares en el aula puede dificultar la comprensión lectora, el razonamiento matemático y la convivencia escolar. La regulación busca equilibrar el uso de la tecnología como herramienta educativa con la necesidad de proteger procesos cognitivos profundos y el bienestar emocional de la comunidad educativa.
Educar la atención es una decisión pedagógica, pero también ética. Allí donde la atención se cuida, la lectura se profundiza, el pensamiento se afina y la escuela recupera su función esencial: formar personas capaces de comprender, interpelar con ideas, pensar críticamente, crear soluciones a problemas reales, analizar la realidad nacional e internacional, razonar y convivir.
CUIDAR LA MENTE ante la dispersión cognitiva
La dispersión cognitiva (Dehaene, 2024) no es un fallo del cerebro; es un reflejo de la sobrecarga de estímulos y tareas que el entorno actual nos impone. Saltos constantes de foco, sensación de estar ocupado sin avanzar, olvidos frecuentes: todo esto tiene una causa clara. La atención es un recurso finito y cada interrupción, por mínima que parezca, consume energía cognitiva. Cuando los peajes se acumulan, la mente patina.
El aula moderna enfrenta este fenómeno de manera directa. La presencia del celular en la escuela no es un objeto neutral: es una fuente constante de interrupciones y ansiedad (Haidt, 2024). Aunque los estudiantes o docentes no lo usen activamente, la mera posibilidad de notificaciones interfiere con la concentración, fragmenta el pensamiento y reduce la capacidad de retener información. Esta dispersión contribuye a brechas en comprensión lectora, razonamiento matemático, bienestar emocional y convivencia escolar.
Las soluciones no pasan por “esforzarse más”, sino por diseñar entornos que favorezcan la atención. Algunas medidas concretas incluyen (Vaca, 2025):
- Limitar el campo de atención: establecer objetivos claros y concretos para cada bloque de trabajo, con límites temporales y metas alcanzables.
- Externalizar la memoria: usar listas, notas o esquemas visibles para liberar la mente de la carga de retener demasiada información a la vez.
- Respetar los ritmos biológicos: bloques de atención de 25–45 minutos con pausas activas que cambien de estado (caminar, mirar lejos, respirar).
- Reducir estímulos competidores: silenciar notificaciones, crear espacios físicos y temporales libres de celulares.
- Clarificar el marco: explicar el propósito de la tarea y del tiempo de atención, nombrando conflictos y expectativas.
- Cuidar el cuerpo: sueño, alimentación y movimiento son esenciales para sostener la atención y el aprendizaje.
Regular el uso del celular en el aula es una extensión práctica de estas estrategias. Repito: No se trata de satanizar la tecnología, sino de ponerla en el lugar que le corresponde: herramienta al servicio del aprendizaje, no sustituto de la atención profunda. Países que han adoptado políticas que regulan el uso de celulares durante las clases, fomentando espacios donde los estudiantes y docentes pueden concentrarse, reflexionar y participar activamente.
El impacto es claro:
- En comprensión lectora, la mente dispone de continuidad y silencio interno, esenciales para interpretar y memorizar textos.
- En matemáticas, la atención sostenida permite seguir secuencias lógicas y resolver problemas complejos sin perder hilo cognitivo.
- En salud emocional y convivencia, disminuyen la ansiedad, la comparación constante y el aislamiento, mientras aumentan la escucha, la interacción y el sentido de comunidad.
La tecnología sigue siendo parte de la vida escolar, pero cuando la educación decide cuándo y cómo se utiliza, recuperamos la atención, fortalecemos la mente y revalorizamos la experiencia del aprendizaje. La dispersión cognitiva no desaparece mágicamente, pero puede reducirse mediante acciones conscientes, estructuradas y coherentes, transformando la escuela en un laboratorio de atención compartida, pensamiento profundo y convivencia saludable.
A continuación dejo una lista de lecturas que amplían esta reflexión, y profundizan los conceptos abordados. Si necesitan alguno de los libros o artículos científicos citados, me escriben directo al correo:
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Isaias, P., Sampson, D. G., & Ifenthaler, D. (Eds.). (2024). Artificial Intelligence for Supporting Human Cognition and Exploratory Learning in the Digital Age. Cham: Springer. https://link.springer.com/book/10.1007/978-3-031-66462-5
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Dehaene, S. (2024). Aprender a leer: de las ciencias cognitivas al aula. Madrid: Marcial Pons. https://www.marcialpons.es/libros/aprender-a-leer/9788432320842/
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Haidt, J. (2024). The Anxious Generation: How the Great Rewiring of Childhood Is Causing an Epidemic of Mental Illness. New York: Penguin Press.
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Núñez Zavala, C. X., Isin Vilema, M. D., & Villagómez Cabezas, A. V. (2025). Neurociencia y Tecnología Educativa para una Educación Holística. Quito: Editorial SAGA. https://libros.editorialsaga.com/index.php/saga/catalog/book/6
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Hayes, C. (2024/2025). The Sirens’ Call: How Attention Became the World’s Most Endangered Resource. AP News. https://apnews.com/article/4120eac80eb3dfd5bceaf8d85566bc8a
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Hallowell, E. M., & Ratey, J. J. (2021). ADHD 2.0: New Science and Essential Strategies for Thriving with Distraction—from Childhood through Adulthood. New York: Ballantine Books.
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Dehaene, S. (2019). Cómo aprendemos: los cuatro pilares de la educación. Barcelona: Paidós.
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Mayer, R. E. (2001). Multimedia learning. Cambridge: Cambridge University Press.
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Salomon, G. (1990). Interaction of media, cognition, and learning. San Francisco: Jossey-Bass.
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Stanovich, K. E. (1990). Speculations on the causes and consequences of individual differences in reading ability. In D. Shankweiler & I. Liberman (Eds.), Phonology and reading disability: Solving the reading puzzle (pp. 39–54). Ann Arbor: University of Michigan Press.
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Sweller, J. (2011). Cognitive Load Theory. New York: Springer.
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Sweller, J. (1988). Cognitive load during problem solving: Effects on learning. Cognitive Science, 12(2), 257–285. https://doi.org/10.1207/s15516709cog1202_4
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Davidson, C. N. (2011). Now You See It: How the Brain Science of Attention Will Transform the Way We Live, Work, and Learn. New York: Viking.
