Un artículo de la escritora Patricia Gutiérrez en honor a la Biblioteca de Roboré de Chiquitos

Rayos, relámpagos y libros.
“¡Amarren los perros!” gritó alguien desde la sombra. La calle oscura, cerrada, la voz conocida y amigable. La voz reía con esa risa descansada de la gente que sabe vivir sin prisas. Nosotros apuraos –a pasos citadinos-, fuimos sorprendidos por ese “amarren los perros”. Claro, si andábamos apurados es porque alguien nos perseguía. La luz del farol iluminó su rostro. Era José Eduardo, alcalde de Roboré, a pie y en short, en pleno domingo. Nosotros ya estábamos de vuelta a Santa Cruz, el tren salía en 20 minutos. Ese era el apuro.

Dos días antes habíamos participado de la inauguración de la Biblioteca de Roboré. Una aventura extraordinaria. Hubo un antes y un después de la ventolera de mariposas amarillas que Claudia Vaca invocó en Roboré.

Por las paredes de la Biblioteca más bella de la Chiquitania, trepaban trazos geniales de “Arterias Urbanas”, gajos extremos y al fondo “El Tío” majestuoso y rojo, esperando paciente a sus lectores, echando a volar sueños barcinos. “Quién leyó El principito?” -pregunté-, iniciando el taller “Creatividad desde la adversidad”, dos de los chicos asintieron, y el resto “no, ni idea”. Rodeada de más de 150 estudiantes -espeté- ¿que ven en este dibujo? -Un sombrero, una roca, una piedra-, hasta que finalmente un flaquingo “es una boa que se trago un rinoceronte”, -este chico tiene pensamiento mágico- dije pa mis adentros. Había encontrado oro en Roboré. En verdad la boa se había tragado un elefante. Exupery (el autor) no imaginó un rinoceronte, pero a esta altura, poco importaba Exupery. El pensamiento mágico estaba instaurado en Roboré. Cuarenta grados. El calor arreciaba, y de ventilador ni hablar. El cielo se apiadó de nosotros y se largó a llover. Llover como se debe. A chorros, con relámpagos, rayos, y truenos. Y eso fue sólo el principio. La “adversidad” había sido invocada. Se cortó la luz y los azules se adentraron a la clase abarrotada de niños empapados. Tormenta eléctrica. Tormenta de palabras. Una tras otra, empujadas por la vehemencia de los rayos. Entonces nos quedamos sin sonido.

Volvió la luz y el cable del micrófono se soltó. Ahí, aumenté el volumen de mi voz. Finalmente, el taller hizo honor a su nombre y se realizó desde la adversidad. Chicos de 15 a 17 años se empoderaron de su propia creatividad. Nunca sentí tanta magia junta.

“Benja Bus”, se encargó de traer un montón libros donados por la Biblioteca Municipal de Santa Cruz, La Hoguera, Poesía en la Calleja y otros… “Poesía Boliviana”, dijo presente con su “World Festival of Poetry”. Los alumnos de la Nur verdearon el jardín, sembrando plantines y árboles que darán una tregua fresca a los roborenses, cuando acalorados se sumerjan en las historias de Raúl Otero Reiche, y su nieto Roger Otero; se quemen con la “chispa, fuego y ceniza” que Óscar Gutiérrez lanzó, se alboroten en las tempestades de selva y humedales de Claudia Vaca, naden por la poesía amazónica de “Los Tres Cielos” (antología de Homero), o se sumerjan en “La Antología de la Poesía Cruceña”, de Paz Irusta.

Nacerán nuevos poetas y escritores de este hermosísimo parto en el corazón caliente de Roboré. De eso se trata de llenar los llanos Grigotanos de violines, orquídeas, y ahora palabras.
PATRICIA GUTIERREZ PAZ /EL DEBER

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