Un homenaje al tiempo transcurrido, de símbolos, acciones que no sabes a dónde van, pero te tinka que algo bueno sucederá luego de este tiempo, te lo dice la mirada de los amigos, la sonrisa de los profes y el hábito de tomarte la vida en serio.

Hace once años atrás nos reunimos amigos de la Universidad, tanto de la NUR ( donde cursaba Relaciones Internacionales) como de la UAGRM (donde cursaba Filología Hispánica), para compartir reflexiones académicas contextualizadas a la realidad sociocultural de nuestros barrios, cada uno de nosotros vivía en diversas zonas de la ciudad, desde la periferia hasta las zonas con mayor recurso económico (dicotomías absurdas para nosotros, los de la generación del “nuestra ciudad”), en ambos casos había un elemento común: la ausencia de opciones culturales, artísticas y educativas no formales cerca de cada barrio, plazas abandonadas y sucias, así como calles llenas de huecos y propensas a la inundación, etc.

Así, entre medio de estas ocurrencias y utopías, clases y no clases, comentando el inicio de un nuevo proceso político que el país viviría, los cambios de protagonista en las instituciones locales…un día en la materia de Introducción a las Relaciones Internacionales el docente pidió hacer un ejercicio: mirar la ciudad y sus diferentes zonas como diversos países y cómo sucede la relación entre estos países. Entonces cada quien en este grupo de amigos observó su barrio, tomó notas, sacó sus conclusiones, más las que ya teníamos, acompañada de un valor similar entre todos: el sentido de servicio por el bien común y los proyectos que teníamos para la ciudad desde este sentido combinado con nuestros aprendizajes en cada materia, nos tomábamos en serio la vida.
Pues bien, el resultado de este ejercicio asignado por el docente, y después de escuchar todas las exposiciones de mis compañeros, planteé que las Relaciones Internacionales no estaban dadas por el Estado-Nación, que la historia tenía ciertas lagunas, puesto que éstas estaban dadas por la Sociedad Civil y por lo tanto el Estado tendría invertir en mejorar la calidad educativa y aumentar las oportunidades de formación y elección en la vida de cada ciudadano; de este modo recuperaría su sentido de ser (esto último era medio anarquista). Si el Estado acepta el poder que tiene la Sociedad Civil, el Bien común y la ética social recuperaría su sentido de ser, pero claro para esto hay que tener adultos con ética enseñándonos en la U y en las Escuelas. Aquí salió mi principio de utopía e idealismo, que en mi caso tuve estos buenos profes de los que hablo; pero muchos no corren con esa suerte, la exclamación milagrosa de los padres cuando dejan a sus hijos en la escuela es: Dios mío que les toque un buen profe.


Cuando finalicé mi exposición, el docente sonrió como diciendo: “no entendió nada de la materia”, mis compañeros estaban algunos sin entender ni la materia ni a mí, otros me miraban con cierta emoción porque estaba jocheando al profe, creyendo que podía yo predecir antes que él lo que pasará con las Relaciones Internacionales y querer darle más poder al ciudadano corriente que al Estado-Nación, y es que a mi esa idea de los nacionalismos en plena era de la información y globalización no me cuadraba, sin embargo había que vencer la materia, así que me di cuenta de que estaba a punto de reprobar, y agregué: pero claro, el Estado sigue existiendo, lo que pasa es que quienes lo administran y lo gobiernan pueden llegar a ser personas con mayor poder en sí mismas, mejor educadas, gracias al Estado que cumple con su deber y prioriza la educación, lo que planteo es priorizar la educación en el desarrollo de las Relaciones Internacionales, ser ciudadanos más internacionales, no de una sola nación, y para eso hay que estar bien educados, conocer la diversidad de lenguas y culturas que hay en el mundo, es decir, tener más oportunidades y las mismas que las de otros países, que no hayan esas diferencias entre uno y otro sistema, que no haya que tener efectivos para acceder a lo mejor. Me fui saliendo del tema sin salirme del tema y concluí.

El profesor quedó relativamente interesado, aprobé la materia y luego me pidió que le muestre mis anotaciones del trabajo realizado, quedó sorprendido y me animó a seguir con este asunto. Entonces combiné este experimento práctico-teórico con las lecturas de literatura hispánica y literatura universal de mi otra carrera en la UAGRM, le conté a la profe sobre este experimento, ella me apoyó brindándome lecturas para mis talleres en los barrios, así como algunos tips para abordar un poco de redacción y ortografía, de modo que mi taller de lectura en las bibliotecas sirva también de apoyo para lo que llevan los chicos en la escuela…para mí esta era una oportunidad para unir teoría y práctica en mi proceso académico, de saber si lo que estaba estudiando servía o no para la realidad a la cual quería aportar, varios amigos también se animaron a participar de este experimento, porque estas cosas las hacemos entre varios, no es cosa de caudillos ni de uno solo, sino de colectividad y esfuerzos, talentos aunados, pero sobre todo de desapego, de entrega plena a aquello en lo que creemos.

Luego de esta intervención académica, seguí indagando en mi vida, sobre cómo hacer una sociedad libre y fuerte, me di cuenta de lo idealista que soy y que por más marxismo que me haya leído, no me cuadró el materialismo, comprendí la lógica del materialismo histórico, la plusvalía, los medios de producción, lo entendí, pero cada quien con su naturaleza, a mí me interesaba explorar los medio de creación en mi ciudad, eso sí, desde la revolución permanente de Trotsky en su libro Literatura y revolución, que en ese tiempo me tenía desvelada. En todo caso, mi naturaleza no era precisamente el marxismo, sino el sentido de bien común y conservar el sentido común, ser sensible a la realidad y necesidades de todos (ricos y pobres, porque increíblemente los ricos también tienen necesidades). En este proceso me di cuenta de que la sociedad civil con ética y consciencia de su poder para decidir, puede definir las Relaciones Internacionales y evidentemente las relaciones de los Estado-Nación (que todavía siguen existiendo), es decir el modo de relacionarnos unos con otros países, en este caso era unos con otros barrios, los vulnerables y no vulnerables, al final todos resultaban ser vulnerables a la violencia, la inseguridad ciudadana, la ausencia de espacios culturales cercanos, de cursos de apreciación artística o de algún arte en general, el desconocimiento de que en su barrio hay además de un mercado, una biblioteca municipal con infinitas posibilidades, pero con mucha necesidad de apoyo también, etc. resulta que cada país- barrio había tenido necesidades tan comunes, que aquí la noción de conciencia de clase que había leído en mi adolescencia de lecturas socialistas, se quebró, lo que se afianzó en todo caso, fue el planteamiento de Trotsky de que la revolución es permanente y que lo lógico es unirnos, generar y sostener entre todos esta permanencia, este cambio constante.


Fue así, con nuestro idealismo y entusiasmo en pleno apogeo que nos lanzamos al viaje de conocer a las instituciones públicas que administran la cultura y la educación en nuestra ciudad, tocamos la puerta del SEDUCA y la Red de Bibliotecas municipales, en el SEDUCA nos dieron un pantallazo de cómo funciona la estructura del sistema educativo formal y los aspectos políticos de la misma, en la Biblioteca, su Director William Rojas nos acogió con el mismo idealismo que nosotros teníamos, convocó a todos los bibliotecarios de scz, nos dio a conocer el mapa de la red, resulta que nuestra ciudad en cada distrito, desde hace más de 20 años tiene bibliotecas y centros culturales, estábamos sorprendidos de no saberlo, dos de nosotros conocía la biblioteca de su barrio, pero los demás nada, entonces de forma espontánea en la misma reunión surgió el plan de organizar de acuerdo a nuestros talentos y tiempos estudiantiles, una programación de talleres de literatura, de lectura, de pintura, de danza, de teatro, de guitarra, de kung fu, de inglés, cada uno de nosotros jóvenes de 20 años tenía una habilidad y compromiso por hacer de Santa Cruz una ciudad lectora, porque cada uno entendía que desde la lectura de cualquier libro, de cualquier obra de arte, de la misma realidad en la que vivimos, nos haríamos verdaderamente libres y nos daríamos el poder de ejercer la conquistada y heredada Democracia con total dignidad y entereza, y como hay que tener un nombre para llevar adelante las acciones, decidimos llamarnos c-ace (jugando fonológicamente con el sonido se hace y poniendo en cada letra los significados: centro de arte, cultura y educación), y este centro no solamente en el sentido geográfico ni político partidario de la palabra, sino en el sentido espiritual, pues nos movíamos desde nuestro centro de fuerza de voluntad, nuestro centro de valores comunes, nuestro centro de equilibrio y porque había que hacer los sueños, no daba tiempo de estar pidiendo una cosa y otra a las instituciones, nuestra protesta era HACER y demostrar en hechos que ese es el camino para avanzar como sociedad, no podíamos esperar tener un título para servir y aportar, sabíamos que desde donde estábamos y con las herramientas que teníamos podíamos empezar, y teníamos la seguridad de que otras instituciones se unirían para este fin, porque hay muchas instituciones con este fin, solo que la mayoría de sus funcionarios sin espíritu caen en la monotonía del horario, el salario, la planificación mensual y dejan así que un formol se asiente en ellos, sometiéndose a un velorio eterno de planes administrativos, merendando cada día su miedo a perder la pega que tienen, y tomando agüita de mezquindad y amargura.

Luego de esta programación de actividades para cada biblioteca y centro cultural, en coordinación con cada bibliotecario y junta vecinal, nos convoca (el año 2006) las personas de la Universidad NUR a una reunión en la cual participaban instituciones como Red de bibliotecas municipales, Biblioteca de la Agencia Española de cooperación institucional, Biblioteca del Museo de Historia Regional, Diario El Deber, Centro Andino de maestros, Centro Patiño, Comité Central Menonita, Centro Cultural San Isidro, CEPAD, grupos de teatro y amigos de diversas artes, en la misma se hablaba de un plan municipal de fomento a la lectura, el cual fue aprobado bajo ordenanza municipal el año 2007, y gracias a ello se logró con el tiempo y hasta la fecha asignar recursos económicos que permitan sostener talleres de diversa índole en las bibliotecas municipales, se logró visibilizar la red misma de Bibliotecas municipales ante los mismos vecinos, aunque después de diez años, esta tarea es algo que debe retomarse cada cierto tiempo, puesto que los habitantes de los vecindarios cambian y pues la vida misma es un constante movimiento, por lo cual esta labor de visibilizar el trabajo de los bibliotecarios, de la red de bibliotecas, de construir identidad y avanzar desde lo cultural es itinerante, permanente y concebible únicamente desde la constante lectura de nuestra realidad en barrios, familias, distritos, pueblos, etc.

A once años de esta hazaña, celebro y sostengo mi tiempo, creatividad y energía con la certeza de que con fe y entusiasmo, desde la ciudadanía consciente y lectora de su día a día es posible tener incidencia en políticas públicas y privadas. El reto hoy por hoy es forjar más lectores de esta realidad, más ciudadanos que crean en sí mismos y creen a partir de lo que son, ciudadanos que quieran aportar desde donde están y lo que son a este territorio de símbolos, de sueños posibles que somos.

A modo de honrar y mantener viva la llama de estas virtudes en quienes hicimos todo esto y seguimos haciendo desde donde nos toca estar, los menciono, a los amigos y a los profes de esos tiempos:
Amigos: Mónica Rodriguez, Juan Manuel Vargas, Freddy Pérez, Sussy, Marlene, José Baldivieso, Lorena Nay, Andrés Medina, Roger Otero, Patricia Chávez, Ana Cristina Crespo Suárez, Daniela Martins, Milton Sossa, Emma Villazón, Sebastian Molina, Ruth Alvarado, Annelissie Arrázola, Adam Rodriguez.
A los profesores que saben motivar y sembrar: Juan Martinez (NUR), María Pía Franco (UAGRM), Paula Peña (UAGRM), Ana María Gottret (UAGRM), Vadiay Kouchek-zadeh (NUR), Claudia Bowles (UAGRM), Alain Noghiu (NUR), Salvador Angulo (NUR), Ana María Lema (NUR), Oscar Puky Gutiérrez (NUR), Gloria Inayati (NUR).

¡Sigamos echando raíces, que las generaciones que vienen son generosas y saben cuidar lo que se les deja, como nosotros lo que nos dejan, esta democracia que aún es nuestra, se cuida con cultura, lectura y arte!

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