Los años pasan y son tantas las veces que he contado la historia, que ya no sé si la recuerdo de veras o si sólo recuerdo las palabras con que la cuento y lo que la sociedad interpreta de lo que cuento y me cuento a mí mismo. (Borges)

Resumen:

Este texto tiene como principal objetivo reflexionar acerca de cómo los textos escritos dirigidos a niños y niñas –con específica alusión a los cuentos de hadas-, ofrecen un aprendizaje sexista, caracterizando a la mujer en el rol de las tareas domésticas y cosméticas, o en situación de subordinación, por otro lado caracterizan al hombre como cruel, poderoso o príncipe salvador. Se hace referencia a las representaciones sociales y el inconsciente colectivo como una forma de comprender y explicar la manera en que las niñas y los niños construyen socialmente sus roles, a partir de estas historias de “fantasía”, teniendo como opciones: ser princesas o brujas, y los niños ser cazadores, lobos o príncipes salvadores y viajeros de aventuras.

Palabras clave: representaciones sociales, roles de género, simbología, inconsciente colectivo, literatura y contextos socio históricos.

A lo largo de los últimos años se han generado diversas reflexiones sobre las perspectivas de género, partiendo de la convicción de que el comportamiento de hombres y mujeres tiene una base más social que natural, es decir son resultado de una construcción, como lo son todas las perspectivas y relaciones establecidas entre unos y otros a la largo de la historia, puede ser entre collas y cambas, negros y blancos, ciegos y videntes, altos y bajos, gordos y flacos, homosexuales y heterosexuales, indios y mestizos, europeos y latinos, etc.

Todas estas construcciones sociales aluden a aspectos psicológicos, económicos, políticos, históricos, sociológicos que van definiendo quien tiene más valor y quién no, en el caso de mujeres y hombres, un ser femenino y un ser masculino, a partir de comportamientos que debieran interpretar uno y otro su juego de roles en el escenario llamado sistema mundial de relaciones humanas.

El abordaje de este texto parte desde mi experiencia como lectora y profesora de literatura en primaria y secundaria, pero sobre todo como mujer y niña que siempre cuestionó el sentido y los símbolos que plantean los diversos cuentos de hada, y ante la ausencia de respuestas adultas que satisfagan la curiosidad en mi niñez, me dediqué en mi vida universitaria de pre grado y mis primeros años de profesora de literatura para niños, a releer algunos cuentos, explorar el aporte de estudiosos de los cuentos de hada y su impacto en el inconsciente

colectivo de la sociedad, y a conversar sobre estos temas con padres, madres de mis estudiantes de primaria y con mis estudiantes de secundaria en mi ciudad, Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), a partir de todo ello encontré autores actuales que rompen con estas estructuras estereotipantes de hombres y mujeres, y abordan la literatura infantil desde la creatividad y la filosofía de sus personajes.

Desde la perspectiva del inconsciente colectivo, en mis conversaciones con ellos les comentaba que no se debe explicar los cuentos a los niños, pero sí contárselos y ofrecérselos como modelos indirectos para aprender a vivir, encontrar soluciones a sus problemas y como estímulos para el crecimiento […], así mismo darles la opción de recrear o transformar a los personajes clásicos, desde la realidad en la que ellos crecen, van surgiendo nuevas historias que contar y la lectura pasiva se vuelve escritura creActiva. En estos espacios fui explicando a las familias que lo importante no es la comprensión intelectual que tengan los niños del cuento, sino la intuitiva y la simbólica. Los niños están más cerca del inconsciente. El adulto, sin embargo, tiene que hacer consciente el contenido simbólico; así, según las edades se leen los cuentos de diferente forma. Por último, acentuando la comprensión intuitiva de los cuentos, si nos aproximamos a ellos desde lo simbólico o lo arquetípico, lo que a primera vista parece ser magia o encantamiento puede entenderse desde el mundo interior de cada persona. En este sentido habrían fuerzas o capacidades que surgen en momentos determinados para ayudar a la persona (sea niño o niña) en sus dificultades para lograr su crecimiento interior. Hay obstáculos, pero al hacer surgir el esfuerzo para superarlos, contribuyen a partir de algo negativo, a conseguir una meta positiva, esto sucede en términos generales en la mayoría de los cuentos de hada, tanto para los niños como para las niñas.

Desde las perspectiva del contexto social, es importante recordar que los cuentos de hadas que hemos leído provienen de determinados contextos socio históricos (Siglos XVIII y XIX), y responden por tanto a la pedagogía moralizante y al utilitarismo sociológico y religioso de esos tiempos, combinados con un romanticismo que todavía expresa los preceptos heredados de la Edad media. Los mismos autores: Jacob y Wilhelm Grimm nacidos en Hanau (Alemania en 1785 y 1786) que estudiaron leyes en la Universidad de Marburg comienzan a recolectar cuentos populares de la tradición oral y publican en 1812 Kinder- und Hausmärchen o Los Cuentos Infantiles y del Hogar -(Primera edición de tres volúmenes)- Estos cuentos provienen tanto de propios recuerdos de la infancia de los hermanos Grimm como de la gente entrevistada en distintos poblados. Vemos entonces que estos cuentos de los hermanos Grimm están caracterizados por “su amor por la libertad, la ruptura de los limites, el subjetivismo, lo irracional, el sentimiento de la naturaleza y la conformación de una identidad en la cual la mujer cumple un rol doméstico y cosmético, el hombre un rol de poderoso protector o poderoso cazador”, hay así mismo una necesidad de volver al pasado relacionándose con la tradición popular y dando un vistazo a la Edad media mientras buscan poner en su lugar de honor al hombre trabajador y la mujer ama de casa, así como sembrar el miedo al mundo exterior, a lo diferente, el terror, esto tiene que ver con el nacionalismo y patriotismo propio de la época.

Siguiendo con la línea del contexto identificamos que: “el género hace los arreglos por medio de los cuales una sociedad transforma la sexualidad biológica en actividades humanas” y van surgiendo estereotipos de género establecidos por la clase dominante, que con el tiempo se rompen de manera mínima, para dar lugar a nuevos estereotipos de nuevas clases dominantes, a veces se utilizan los mismos cuentos, con otro enfoque, se los resignifica de acuerdo a las necesidades del imaginario colectivo que predomine en ese momento histórico y sea conveniente para la clase que lleva la batuta de la educación, la economía, la política, la ecología, el pensamiento. En el caso de los cuentos de los Hermanos Grimm proporcionan una buena plataforma para la moral, pero dejan mucho que desear en cuanto a la diversidad individual y las posibilidades de exploración de la diversidad cultural europea, así como la posibilidad de deliberación individual respecto al ser mujer o ser hombre en la sociedad, hay una caracterización del hombre y de la mujer establecida a partir de los atributos, rasgos, símbolos que cada cuento va desarrollando.

A continuación un cuadro genérico que describe rasgos de tres personajes mujeres en tres clásicos cuentos de hadas.

LA CECINICIENTA BLANCANIEVES CAPERUCITA ROJA
 No tiene nombre

Cenicienta: que viene de las cenizas o vive entre las cenizas

No tiene nombre

Blancanieves: tierra de la vanidad y la ingenuidad

 No tiene nombre

Caperuza: se protege y cubre con su ingenuidad y necedad

 Rivalidad entre mujeres La más pasiva, dependiente e inútil de todas las princesas Adolescencia, menstruación y virginidad
 Adulta abusiva

Impunidad masculina en el padre que no se hace cargo de su hija, prefiere cuidar y creerle todo a la esposa y vivir su rol de hombre antes que el de padre.

 Adulta abusiva

Impunidad masculina en el guardabosque, los enanos y el padre, todos abandonan a la niña.

 Adulta paranoica (la madre), adulta confiada y solitaria (la abuela)

Sexualidad masculina expresada con rasgos de violencia y abuso.

Sexualidad femenina reprimida y temerosa.

 Objetivo: casarse con un príncipe y asegurar su vida material adulta.  Objetivo: casarse con un príncipe y formar una familia tradicional con muchos hijos a los que servir.  Objetivo: entregar encomienda a la abuela y cuidarla de su soledad, no encontrar hombre para tener sexo, ni reproducirse todavía porque es adolescente.

En este cuadro se evidencia la existencia de símbolos disponibles en la cultura, que van formando conceptos normativos vigilados por instituciones sociales, influenciando la identidad subjetiva de los individuos. Si las diferencias entre lo masculino y lo femenino son producto de los procesos de construcción social (Ortega, Torres y Salguera, 2001), entonces las representaciones sociales, término introducido por Moscovici (1970), se convierten en una herramienta indispensable para comprender y/o explicar cómo una de las tantas entretenciones de las niñas, los cuentos de hadas, contribuyen en la construcción del rol de género de las mismas. Los cuentos de hadas son herramientas a través de las cuales se enseña a niñas y niños consecuencias de acciones concretas, sus personajes son fruto de la “imaginación” (el imaginario colectivo, el inconsciente colectivo predominante del contexto socio histórico), son llevados a la realidad. Los cuentos de hadas perpetúan roles sexuales y premian ciertas conductas mientras castigan otras.

En Blancanieves por ejemplo tenemos una malvada madrastra que quiere asesinar a su hijastra porque es más bella, y ante la compasión demostrada por el soldado o guardabosque que recibe el encargo, decide hacerlo ella misma envenenando a la joven. Por añadidura, Blancanieves se pasa media historia limpiando, fregando, cosiendo para los enanitos, tareas típicas de mujeres, y canta mientras hace todas sus tareas con esmero y alegría.

La cenicienta, una pobre mujer, esclava de su madrastra y hermanastras, recibe mágicamente por una noche, todo lo que no tiene y desea. Mientras el príncipe busca a su misteriosa y encantadora pareja de baile, se demuestran todas las vilezas de las cuales es capaz el ser humano para conseguir lo que su codicia y envidia le dictan.

En Blancanieves se identifican expresiones tales como: “la más bonita de todo el reino”. “la inocente niña”, “la niña más bonita de casa que limpia con entusiasmo y amor”, “preparaba la comida y los acompañaba”.

En la Cenicienta encontramos expresiones como: “nunca había estado tan hermosa como aquella noche, con un precioso vestido de gala, diadema de diamantes, guantes elegantes y una preciosa zapatilla de cristal”, “el hada madrina hizo realidad los sueños de la cenicienta”, “rendiría honores al príncipe y estaría cerca suyo”

Y al final de cada historia tenemos el clásico: …y vivieron felices para siempre.

Las expresiones mencionadas de los cuentos, nos transmiten un ideal de mujer: bonita, delgada, delicada, elegante, obediente, buena, pasiva, inocente, abnegada, doliente; con estas cualidades obtienen un premio: el príncipe apuesto y atento, el palacio, las sirvientes, las joyas y la riqueza del príncipe, las cuales por sí mismas, por ser mujeres no conseguirán, porque no trabajan asalariadamente, y si lo hicieran reciben poca paga. Esta imagen de mujer se constituye como un núcleo central, establece los códigos que constituyen al ser mujer y ser femenina en el sistema de relaciones sociales y económicas. También está el lado opuesto, se puede ser egoísta, activa, destructiva, mala, fea, amargada, celosa, envidiosa, gorda, hedionda, independiente, en este caso se representa el personaje de la madrastra, la hermanastra, la reina mala, a las que nadie amará y la que conseguirá riquezas desde este rol, pero que deberá cuidarlas y vivir estresada cuidándolas y cuidándose para que no se las quiten.

Concordando con lo anterior, vemos que el rol femenino está representado por la doncella, la princesa o la bruja, la malvada; esta dicotomía es reforzada por la sociedad, cuando oímos a padres, madres, profesores, diciendo: qué linda, parece una princesa qué bien portada, es una niña buena. Muy bien, hiciste todo lo que te pedí, dejaste la casa limpia, cuidaste muy bien a tu hermanito, cortaste bien la papa, que niña obediente sos.

Lo descrito nos ilustra sobre la influencia que el grupo social tiene en la formación de las representaciones sociales, con ello se va adoctrinando a niñas y niños en un modo compatible a las normas y valores dominantes de una sociedad, y al hablar de los cuentos de hadas, podríamos referirnos a una sociedad movida por el sistema capitalista patriarcal. Estos cuentos están cortados por el patrón de preferencias sexuales y valores conservadores, las niñas son consumidoras pasivas de una pesadilla capitalista patriarcal, aderezadas con zapatillas de cristal y castillos relucientes. Estos son los premios materiales que endulzan el mal trago de vivir sometida y afanada en casa, sin libertad ni decisión propia.

Vemos cómo Blancanieves es premiada por ser buena, mientras que su madrastra maligna es castigada. Los premios en estas historias son monetarios, premios de posiciones de poder y fama. Cenicienta por su parte superará su pobreza y esclavitud, no porque sea trabajadora, revolucionaria y por sí misma, sino porque es bonita, modesta, sufrida, callada, y por si fuera poco, tiene pies pequeños, lo cual proviene de la tradición oral China: “un noble chino descubrió la zapatilla perdida de una campesina, y supo que estaba destinada a casarse con un noble debido a lo pequeño que eran sus pies.”

La Caperucita Roja es un buen ejemplo para mostrar cómo los cuentos han sido reinterpretados a lo largo de la historia de la literatura infantil, según las preocupaciones sociales y literarias de cada momento, basándose en antiguas tradiciones orales, el miedo al hombre lobo que se comía las cosechas de los pobladores franceses y alemanes, o el miedo a los violadores y pedófilos, representados como las bestias que se robaban a los niños. Todos estos cambios de perspectiva del relato nos muestran las múltiples reencarnaciones que han sufrido. Intentar encontrar una versión verdadera y universal es un error, ya que todas ellas son fuentes de la diversidad literaria y cultural, de sus riquezas absolutas que nos reflejan y prueban cómo las verdades humanas cambian. La manipulación de los cuentos populares y de hadas señala también los límites establecidos en la Literatura, la Pedagogía y la Sociología, en función de lo que a los adultos les parece comprensible o moralmente asimilable por parte de los niños y niñas.

Dada la importancia de los cuentos en la construcción de la identidad de género, la construcción de patrones culturales, la internalización y valorización del rol social adscrito a cada sexo, la propuesta que surge de esta reflexión es fomentar y participar en la elaboración de cuentos infantiles en los que no se evidencie discriminación de la mujer, ni explícita in implícitamente, romper con la simbología patriarcal, crear nuevos imaginarios. Es importante también no enfocarse solo en reproducir la realidad social patriarcal y las transformaciones que en ella se dan, sino anticiparse, escuchando y conociendo lo que viven hoy los niños y niñas, su imaginario y sus intereses.

Para esto último hay una corriente de autores que han empezado a abordar tanto desde la ilustración,.la narración y la poesía, literatura para niños y niñas que resaltan la creatividad de ambos géneros, con personajes cuyos diálogos y pensamientos dan la pauta de un nuevo modo de concebir el inconsciente colectivo de niños y adultos, entre estos cuentos tenemos la colección de antiprincesas y antihéroes de la editorial independiente de Argentina, conformada por mujeres del colectivo Chirimbote, también tenemos las versiones del escritor argentino Luis María Pesceti, que ha resignificado el cuento de caperucita roja, así como los poemas del escritor Colombiano Guillermo Saavedra sobre la cenicienta que no escarmienta, o las versiones de filosofía para niños con la colección de Pequeños Platones de orígen francés que ha sido traducida al español y al inglés, o las ilustraciones e historias de las Princesas olvidadas y desconocidas del autor Philippe Lechermeier y la ilustradora Rebbeca Dautremer y así, podemos seguir explorando o escribiendo nosotros mismos los cuentos que nos acerquen cada vez más al inconsciente colectivo humano, libre y creativo de adultos y niños.

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